sábado, 30 de mayo de 2015

Iglesia de Auvers-sur-Oise, de Van Gogh

Mirada literaria de un cuadro



La iglesia de Auvers-sur-Oise, es uno de los cuadros más emblemáticos de Van Gogh. En el lienzo se dibuja la fachada trasera de un edificio religioso, contorneado por unos trazos suaves y ondulados. Destaca el considerable campanario tintado, al igual que el resto de la pintura, de colores lúgubres que contrastan con otros primaverales. Las luces nocturnas invaden el cielo como si de la noche se tratase; pero a medida que descendemos la mirada observamos un prado iluminado, que se asemeja a un día de verano. El campo, dividido por dos angostos caminos se bifurca, sobre éste, un manto de flores cubren la verde hierba. En el lado siniestro más próximo al espectador, una mujer con atuendo de campesina camina hacia nosotros intentando escapar de las pinceladas del artista. 

Natalia Macho, 3º C

En varias ocasiones se pudo ver al pintor Van Gogh pintando cerca de la iglesia de Auvres-sur-Oise subida en una pequeña colina situada detrás de la iglesia, desde donde, en esta ocasión, se ve a una mujer vestida de blanco paseando por uno de los amarillentos y poco tortuosos caminos que bordean la iglesia hacia el pueblo.
El cuadro tiene una expresión melancólica típica del crepúsculo, cuando los últimos rayos de sol proyectan extrañas formas en la fachada grisácea del edificio. En lo alto de este se alza un solitario campanario, no muy ostentoso, como una firme mano que se eleva hacia el oscuro cielo coronado, por lo que parece, un reloj.

Celia Martín, 3ºC

La iglesia abandonada de Auvers-sur-Oise, una obra de Vincent Van Gogh, refleja rasgos impresionistas, distintas variaciones de colores fríos y cálidos, con líneas curvas que dan al edifico un frágil aspecto. Por un sendero cercano de flores y hierbas camina una persona solitaria durante la noche. En la tenebrosa iglesia, siniestra, lúgubre, y quizás un poco destartalada, se distinguen rasgos de luz que contrastan con la oscuridad que envuelve el lienzo.
                                                                                                Sara Morrondo, 3ºD



Un fondo oscuro inunda el lienzo reflejando tenebrosidad, oscuridad que contrasta con Los campos claros de frondosa y abundante hierba que rodea la iglesia de norte a sur, aislándola como una isla perdida en medio del mar. Los caminos se perfilan despejados, solo se dibuja una única mujer, vestida con una negra capa que arrastra por el suelo y se acerca sigilosamente a la entrada. Los campos y las casas de fondo crean un ambiente rural, que otorgan a la pintura una dimensión más realista. La iglesia, con altas torres y sinuosas cristaleras, dan a conocer la belleza de la estructura.

   Paula Rodríguez, 3ºD

La iglesia gótica de Auvers-sur-Oise representa un abstracto pensamiento de Van Gogh. La oscura noche cae sobre la tenebrosa y sombría iglesia, los verdes jardines de alrededor son agitados por el viento, mientras una humilde señora se dispone a salir del lienzo. El templo muestra varios de sus enigmáticos ojos apagados por su gran interior vacío. Los alegres jardines que por el día imaginas, se transforman en un camposanto en la noche, solo y desamparado. Unos esbeltos árboles detrás de la iglesia anuncian que hay algo más, una pizca de esperanza. La luna ilumina la fachada. El lienzo exhala todos los secretos de la noche de un fantasmagórico día.

Cristina Segovia, 3ºC

Una extraña mujer se encuentra en un pequeño camino, algo desorientada y perdida. Tras ella, una misteriosa y enigmática iglesia se alza sobre una leve elevación del terreno, cuya torre preside el lugar. El edificio está envuelto en la oscura sombra que él mismo proyecta. La parte delantera del cuadro con abundante vegetación -y alguna margarita- está iluminada por los últimos rayos de sol que se desvanecen bajo un inalcanzable tapiz de cielo. El brillo de millones de bellos zafiros se refleja en las enormes vidrieras repletas de adornos que rodean todo el cuerpo del templo. La iglesia parece estar flotando en las tranquilas aguas de algún mar perdido y desolado. El pico del campanario despunta desafiante en el cielo y junto con el tañir amargo de las campanas parecen avecinar un mal presagio. La obra se encuentra sumergida en un ambiente triste y lúgubre que inspira un mundo pesimista y desolador.

Ana Tartilán, 3ºC